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domingo, 24 de septiembre de 2017

Cubitos de sabores



¡Me estreno por fin en el reto #asaltablogs
Para mi primer asalto he escogido una receta más que sencilla, pero que me hacía ilusión probar, porque me pareció divertida, muy apropiada para el verano y rica.

El blog asaltado este mes es este. Laura nos proponía cubitos de café, de limón y de chocolate que ella llamó "Ideas de hielo" (<3). 

A mí me ha apetecido probar los de limón (he añadido menta) y además he probado con un sabor muy típico de mi país adoptivo: jugo de bayas de saúco negro o saúco común, que aquí en Dinamarca se llaman "hyldeblomst".

Se pueden usar en agua, para cóctails, en té... Incluso en sopas frías. Tiene la función evidente de añadir sabor y enfriar, pero no solo eso; si te preparas un zumo de bayas de saúco y le echas cubitos normales de agua, a medida que se vayan derritiendo, se aguará nuestro sabor. Con estos cubitos, el sabor se conserva hasta el final.

Nos hará falta una cubitera; normal o con alguna forma especial; la mía es de corazones. Puede ser de plástico duro, de silicona, de bolsa... Ya veréis que yo usé dos tipos diferentes. Os cuento qué ingredientes utilicé:


Cubitos de limón (14 unidades)
  • 1 limón y 1/2 (dependerá del tamaño de los limones y de la cubitera)
  • 14-28 hojitas de menta (les podemos poner 1-2, según el tamaño; mejor hojitas medianas)
La preparación:

1. No tiene misterio ninguno. En cada agujero de la cubitera metemos una o dos hojitas de menta. Las podemos picar si no queremos que nos aparezca luego la hoja entera en la bebida; a mí me gusta entera.

2. Exprimimos el limón y rellenamos cada hueco de la cubitera con el zumo (en este caso usé una de silicona). Podemos rebajarlo un poco con agua si queremos, pero yo los prefiero hacer intensos porque me gusta mucho el sabor a limón y porque los voy a usar más que nada para agua.


3. ¡Y ya está! Al congelador un par de horas, hasta que estén congelados del todo, y listo.





Cubitos de jugo de baya de saúco

  • Aprox. 500 ml de zumo de baya de saúco (de nuevo, depende de nuestra cubitera)
La preparación:

1. En esta ocasión utilicé una bolsa-cubitera, ¿las conocéis? El líquido se vierte desde arriba hasta que todos los compartimentos están llenos; nos podemos ayudar con un embudo si hace falta.


* De nuevo escogí no mezclar el ingrediente principal con agua porque este zumo siempre se bebe diluido en agua; nunca por sí solo. La proporción normalmente es 1 medida de zumo por 4 medidas de agua. Así que al añadir un cubito de zumo a un vaso de agua, tenemos más o menos la proporción en la que se suele beber.

2. Y nada, una vez llena la bolsa-cubitera, se ata para que no se salga (si usas una cubitera normal, la llenas y listo) y al congelador un par de horas, hasta que los cubitos estén congelados.

*La textura de estos de baya de saúco no es tan firme como la de los de agua y los de limón; quedan más escarchados, como un granizado sólido. No se endurecen del todo.





- Para dar un toque divertido, según para qué bebida hagamos los cubitos, también podemos usar gominolas, florecillas comestibles, frutos del bosque... Y se haría tal y como hicimos con las hojitas de menta.



¡Buen provecho!

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jueves, 21 de septiembre de 2017

Huevo a lo Mariano


Seguimos con la colección de huevos pasados por agua. Esta es la versión que mi abuela le hacía especialmente a mi abuelo Mariano a su gusto; con bacalao, aceite y pimentón. 

Hace poco publiqué también el Huevo Pepito, en honor a mi abuelo Pepe. Y tengo listo para publicar el Huevo a la Mikkel, a gusto de mi vikingo. Y todavía queda una cuarta opción en esta colección.

Bueno, pues eso, en honor a mi abuelo Mariano, comparto con vosotros esta idea tan sencilla que sirve para una cena ligera o para lo que os apetezca.

  • 1 huevo
  • Unos 5-10 g de bacalao desalado (al gusto)
  • Pimentón dulce
  • Aceite de oliva, en mi caso, Arbequina

La preparación:

1. Hacemos un huevo pasado por agua. Para que la clara quede cuajada y la yema solo un poco, le daremos 4 minutos desde que el agua rompa a hervir. Mi abuela los hacía al baño maría y yo, si hago más de uno a la vez, tengo un aparatico para hervir huevos.


2. Lo enfriamos un poco debajo de un chorro de agua fría para no quemarnos las manos; los vamos pelando y lo servimos en un platito. Como el huevo pasado por agua es frágil y blando, es normal que se rompa al dejarlo en el plato; es lo que queremos, que se abra.

3. Espolvoreamos con pimentón dulce y añadimos un chorrito de un buen aceite.


4. Coronamos con el bacalao desmigado. La cantidad va al gusto.

Y listo. Ni se os ocurra añadir sal, que el bacalao ya sala de lo lindo. Como os decía con los huevos anteriores, la esencia de estas recetas es la simplicidad. Son fáciles y rápidas de preparar y el truco para que queden riquísimas es usar ingredientes de calidad.


¡Buen provecho!

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domingo, 17 de septiembre de 2017

Polnina: pastel de pascua esloveno


Para la "vuelta al cole" de Cocinas del mundo, a mi vikingo le apeteció probar este pastel de carne, típico durante la pascua en varios países del este; se le llama Polnina en Eslovenia; Sekana en la República Checa y Sekanice en Eslovaquia.  
Hay muchas recetas muy similares, por no decir idénticas, que se consideran serbias, croatas, checas, húngaras, eslovacas o eslovenas, según a quién le preguntes. 

Lo hicimos durante una visita de mi madre y mi hermana y me ayudó a prepararlo mi hermana. Me aguanté las ganas de añadir más cebolla, ajo y cualquier otra cosa que se me ocurrió porque quise probar la receta original tal y como es. Me imagino que este pastel surgiría como receta de aprovechamiento, tal vez para usar el pan del día anterior, como en las migas de pan españolas, tal vez incluso para darle salida al jamón cocido de otra receta. Sale suficiente para 4-8 personas, según si es para tapeo o como plato.




  • 320 g de pan, son unos 8 panecillos
  • 4 huevos
  • 500 g de jamón ahumado o corte de hombro ahumado
  • 20 g (2-3 cucharadas) de perejil fresco (en la receta original, un tipo de ortiga comestible que no pude conseguir, pero se recomendaba sustituir por perejil fresco)
  • 1 cebolleta fina (unos 30 g, tallo verde incluido)
  • 300 ml de leche
  • Aceite vegetal
  • Nuez moscada 
  • Sal y pimienta

La preparación:

1. Lo primero es cocer la carne si, como yo, la has comprado en crudo. En mi caso es un corte de jamón ahumado y solo hay que cocerlo en agua durante 45 minutos; en la olla rápida, 25 minutos fueron suficientes.



2. Preparamos mientras tanto lo demás. Despedazamos el pan y cortamos en tiritas el perejil. Echamos las dos cosas a un recipiente, salpimentamos y añadimos la nuez moscada. Añadimos también la cebolleta cortada en rodajitas finas. Entonces añadimos la leche y removemos para que el pan se vaya empapando.




3. Cuando la carne esté, la cortamos en taquitos (si lleva red como la mía, la retiramos primero). Incorporamos los taquitos al cuenco con el pan mojado.



4. Entonces separamos las yemas y las claras de los huevos; batimos un poco las yemas y las mezclamos con el pan y la carne.



5. Montamos las claras hasta que estén tan firmes que se le pueda dar la vuelta al recipiente sin que caiga nada y las ligamos con delicadeza con el pan, la carne y lo demás.




6. Engrasamos ligeramente con aceite el fondo y las paredes del molde que vayamos a usar. Vertemos en él la masa y le damos 50-60 minutos en el horno precalentado a 180ºC.



* Antes de sacarlo, comprobamos que esté cuajado clavando un palito o un cuchillo, como cuando se hace un bizcocho; si sale limpio, está hecho. Se deja enfriar un poco antes de servir para que se ponga algo más firme.

* Queda genial acompañado de una ensalada, pero tradicionalmente se acompaña de verduras encurtidas y a veces también mostaza.



¡Buen provecho!

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martes, 12 de septiembre de 2017

Quesadillas de sobrasada, miel y orégano


Hoy toca cocina fusión; concepto latinoamericano (quesadillas) con ingrediente principal español: la sobrasada.
Esta receta se hace en menos de 10 minutos y está TAAAN BUENA que todo el que la ha probado me la pide con frecuencia.
Yo suelo traerme sobrasada de España y mezclarla; la uso para otras recetas como mis nidos de sobrasada y miel. Pero si no la tenéis mezclada, ya veréis que se arregla con un chorrito de miel. Para 4 quesadillas*:

  • 4 tortitas mexicanas pequeñas (en mi caso, integrales)
  • Aprox. 4 cucharadas de sobrasada
  • 4 chorritos de miel
  • 10 lonchas de queso tipo Havarti, de los que se funden (o si tienes queso rallado, también sirve)
  • Orégano
* Si las vas a servir en plan tapeo, puedes usar tortitas grandes y luego cortarlas en triángulos (las cortas por la mitad y luego cada cuarto por la mitad otra vez).


La preparación:

1. Untamos la mitad de una cara de la tortita con sobrasada. Sin pasarnos ni ser rácanos.

2. Distribuimos el chorrito de miel de forma que todas las zonas tengan miel.


3. Colocamos queso sobre la sobrasada y espolvoreamos con orégano.


4. Las doblamos sobre sí mismas (sobre la parte donde están la sobrasada y el queso) y las pasamos 1-2 minutos por una sartén caliente a fuego medio, sin aceite ni nada añadido. Cuando tengan color por los dos lados y el queso esté medio fundido, las sacamos.


¡Y ya está! Se pueden servir así enteras para que se mantengan calientes durante más tiempo o en mitades o cuartos.


¡Buen provecho!

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viernes, 8 de septiembre de 2017

Crema de ratatouille con vieiras


El otro día se me ocurrió que un buen ratatouille casero se podría convertir en una especie de pesto cremoso de verduras. Y no me podía quedar con las ganas de probarlo, así que, aquí lo tenéis; ratatouille untable. La entrada de hoy es un poco larga, pero es una receta muy fácil y os juro que vale la pena.
Es un invento fenomenal; el resultado es una crema suave a la par que sabrosa y rica en vitaminas; es una buena forma de comer verduras, incluso si no te entusiasma alguno de los ingredientes, como me pasa a mí con la berenjena.

Se puede comer tal cual untado en pan, con queso, en hojaldre... Incluso como crema de verduras, si se cuece con un poquito de agua o caldo. La verdad es que está tan buena que sirve para disimular cualquier otra verdura; coliflor hervida o asada, por ejemplo.
También queda delicioso con unas vieiras con limón, y esa es la receta que os cuento a continuación.

Con estos ingredientes, salen unos 800-900 gramos de crema de raratouille; lo que no nos comimos untado en pan, lo reservé para hacer un plato de pasta con salsa cremosa de ratatouille.


Para el ratatouille:

  • 250 g de calabacín
  • 250 g de berenjena
  • 150 g de cebolla
  • 200 g de pimiento rojo
  • 400 g de tomate en rama (yo usé una lata)
  • 3 dientes de ajo
  • Aceite de oliva virgen extra
  • Ramilletes de perejil al gusto
  • Hojas de albahaca al gusto
  • Tomillo al gusto
  • Sal y pimienta
  • Sal gruesa

Para las vieiras:
  • Unas 5 vieiras japonesas por persona (el origen me da igual, con "japonesa" quiero decir de la variedad grande); en mi caso, 10 vieiras en total.
  • 1/2 cucharada de mantequilla
  • Aceite
  • 1 diente de ajo
  • Un chorrito de limón
  • Sal y pimienta
Para las tostadas:
  • 1-2 rodajas de un buen pan de hogaza por persona (el mío, pan de romero)
  • Todo lo anterior (crema de ratatouille y vieiras)


La preparación:

1. Antes que nada, vamos a hacer que la berenjena sude para que no amargue el plato. La cortamos en daditos (sin pelar) y la ponemos a remojo en un recipiente medio cubierta de agua con media cucharada de sal gorda. Le damos 30 minutos. Después la enjuagamos, la estrujamos un poco y la reservamos. 




2. Mientras tanto, cortamos el resto de verduras: el calabacín, la cebolla y los pimientos. El tamaño de los trozos no importa mucho, ya que luego lo trituraremos todo; pero mejor si hacemos cubitos del tamaño de un diente de ajo más o menos, para que se haga más rápido y al mismo tiempo.

3. Los dientes de ajo los pelamos y los chafamos; los colocamos bajo el lateral de la hoja del cuchillo y damos un puñetazo sobre ella para cascarlos.



4. Calentamos unas 6 cucharadas de aceite de oliva en una sartén honda a fuego medio-alto. Entonces echamos los ajos cascados y la cebolla troceada con un poco de sal y pimienta. Le damos unos 7 minutos al fuego con la tapa puesta.



5. Lo siguiente es el pimiento troceado; si hace falta más aceite, añadimos 1-2 cucharadas.  Bajamos a fuego medio, incorporamos el pimiento y le damos otros 7 minutos a todo, también con la tapa puesta.



6. Ahora van el calabacín y la berenjena. Del mismo modo, si hace falta más aceite, añadimos 1-2 cucharadas. Y le damos a todo otros 7 minutos con la tapa puesta.




7. Añadimos el tomate; preferiblemente en trozos o semi triturado ya, para que se mezcle mejor con el resto. Pero luego lo trituraremos todo. Añadimos las hierbas: perejil, albahaca y tomillo. También 1-2 cucharadas de aceite, si hace falta. Le damos 10 minutos con la tapa puesta y mezclamos de vez en cuando.



8. Bajamos a fuego lento y le damos otros 10 minutos tapado, seguidos de 10 minutos destapado. Es decir, 20 minutos en total a fuego lento.

9. Y ya toca triturar hasta obtener una textura cremosa y que nos guste. Probamos por si faltara sal y listo. Más abajo os cuento cómo guardar la crema de ratatouille si no la consumís toda en el mismo día.


...

10. Ahora a por las vieiras. En una sartén calentamos a fuego media cucharada escasa de mantequilla y una pizca de aceite.

* Se usa una mezcla de aceite y mantequilla porque el aceite es una grasa más sana que la mantequilla, sin embargo, la mantequilla se quema a una temperatura más baja que el aceite, lo que aumenta la temperatura media para freír y además concede un mejor color dorado.

11. Laminamos el diente de ajo y le damos unas vueltas por la sartén para que desprenda su sabor.

12. En cuanto el ajo tenga algo de color, metemos las vieiras a la sartén y les damos 2:30-3 minutos por cada cara. Finalizamos con un chorrito de limón por encima.


...

13. Lo último que queda, y que aconsejo hacer mientras se cocinan las vieiras, es tostar las rebanadas de pan.

14. Y ya está; untamos o distribuimos con una cucharilla la crema de ratatouille, servimos un par de vieiras encima y damos un toque final con las láminas de ajo y, si acaso, algo de albahaca fresca.


¡Y listo!



Ahora bien, mi consejo es que la aproveches mientras está recién hecha y en los días posteriores, pero ¿cómo se guarda esta salsa para que aguante?

- Si no vas a usarla en breve, puedes envasarla "al vacío"; es muy sencillo. Vertemos la salsa recién hecha en un frasco de cristal muy limpio del tamaño apropiado. Hay que llenar el tarro totalmente, hasta arriba, de forma que no "haya sitio" para que aire dentro del frasco. Cerramos inmediatamente y lo dejamos enfriar a temperatura ambiente. Cuando esté frío, lo guardamos en la nevera, donde lo conservaremos en todo momento.

- Si la vas a consumir próximamente, te recomiendo esterilizar el frasco en el que lo vayas a guardar. Te digo cómo:

1. Separamos el tarro y la tapa. Si hay alguna pieza de plástico o goma, la retiramos también.

2. Ponemos una cazuela al fuego con el tarro y la tapa dentro. Llenamos de agua hasta cubrir (y llenar) el tarro. Le damos unos 20-30 minutos hirviendo (20 minutos desde que hierve o unos 30 en total).


3. Sacamos el tarro y la tapa y los ponemos a secar sobre un paño limpio de algodón. Podemos usar unas pinzas para sacarlos sin quemarnos.






¡Buen provecho!

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lunes, 4 de septiembre de 2017

Ensalada Rubik


Os traigo una ensalada bien rica, fresca y vistosa para este verano. 
Había visto una ensalada de rábanos, melón y sandía servida así en cuadrados, pero en un solo nivel, y se me ocurrió adaptarla a ingredientes que me gustan más, inventarme un aliño y presentar la ensalada con varios niveles en forma de cubo de Rubik, en honor al inventor del cubo mágico, el húngaro Ernö Rubik.

Las cantidades hoy sí van a ojo total, porque dependerán del tamaño de los dados que cortemos; de si hacemos el cubo de 3x3 o de 4x4... Pero os digo más o menos lo que usé  para este cubo (y me sobró de todo).

  • Sandía (2 cortes en forma de rueda)
  • Aguacate (Solo uno, pero elige uno con paredes gruesas y ni demasiado maduro ni demasiado verde)
  • Queso feta 
  • Pepino (1 holandés, de los largos)
Para el aliño:
  • 2 cucharadas de aceite de oliva
  • 1 cucharada de zumo de limón
  • Ralladura de la piel de 1/2 limón
  • Unas 10 hojas de menta fresca
  • 2-3 láminas de cebolla (aros cortados muy finito, con mandolina)
  • Sal marina y pimienta recién molida

La preparación:

1. Bueno, pues esto no tiene misterio. Es cuestión de preparar los cubos de diferentes ingredientes en la misma medida; en torno a 1,5 cm de ancho y de largo.

2. Montamos alternando los ingredientes para que el rango de colores sea variado.

3. Mezclamos el aliño y rociamos el cubo con él.

¡Listo! ¿Y qué hacemos con las sobras? Pues otra ensalada, aunque no la sirvamos como cubo. Podemos aprovechar todas las sobras junto con lechuga, canónigos o lo que nos guste.


¡Buen provecho!

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martes, 29 de agosto de 2017

Saganaki de queso con miel y limón


Hace poco fuimos a Grecia. Fue un viaje precioso y, además, tuvimos la suerte de probar unos lokoumades divinos en Korfu y el famoso saganaki en Atenas. En Santorini solo tocó helado.Yo tenía capricho de probar estos clásicos griegos por culpa de (o más bien gracias a) mis admirados ‎Gary Mehigan y George Calombaris.

Encima, al volver a casa en Dinamarca, celebraban la semana griega en un supermercado y ¡tuve la gran suerte de encontrar kefalotyri! Es uno de los principales quesos con los que se prepara el saganaki. Otras opciones son graviera, kasseri y kefalograviera. Y también sirve el halloumi, que se usa en Chipre.
Debo aclarar que "saganaki" solo se refiere al tipo de preparación, frito; aunque los saganakis más famosos son el de gambas y el de queso.

En Atenas lo probamos con masa filo; otras opciones son empanado en tapioca, en harina de trigo y en harina de sémola. En realidad también se puede freír sin empanar, pero con los quesos menos duros, la costra adicional evita que el queso se pegue y además añade una textura interesante. Un gran clásico es la receta que incluye miel y limón, aunque en Estados Unidos se popularizó una versión flambeada con ouzo o coñac. Bueno, pasamos a la receta, que hoy es empanada en sémola, con alguna semilla de sésamo, miel y limón.


  • 300 g de queso kefalotyri, graviera, kasseri, kefalograviera o halloumi
  • 3-4 cucharadas de polenta (o, si preferís, harina de sémola, que es como polenta fina)
  • 2 cucharadas de miel
  • 2-3 cucharadas de aceite de oliva
  • 1/2 cucharadita de semillas de sésamo (negras mejor)
  • Un cuarto-medio limón
  • Pimienta negra
  • Agua
  • Orégano



1. Preparamos las porciones de queso. Normalmente son trozos triangulares o rectangulares, pero el trozo que yo compré es más bien ovalado. En cualquier caso, lo importante es cortar trozos con un grosor de aprox. 1-1,5 cm para evitar que se derrita y se pegue a la sartén.



2. Calentamos el aceite en una sartén antiadherente. Para mi gusto, mejor no abusar. Cubro el fondo y, si hace falta más al darles la vuelta, añado un poco; no me gusta ahogarlo en aceite.

3. Mientras tanto, empanamos el queso. Normalmente se usaría huevo, pero para aligerar la receta y dar protagonismo total al queso, vamos a usar agua. Sí, agua. Pasamos una pieza de queso por agua, sacudimos para deshacernos del exceso y rebozamos en la sémola. Otra opción para mojar el queso es leche.


4. Entonces freímos a fuego medio cada trozo de queso. Le damos un par de minutos por cada lado hasta que esté dorado.


5. Si la miel es de consistencia densa, recomiendo calentarla y ablandarla un poco en un cazo o en el microondas. Si la miel es líquida o viene en un bote con dispensador, se puede rociar directamente el queso con ella y el propio queso la calentará.

6. Espolvoreamos con las semillas de sésamo, una pizca de pimienta negra y, si queremos, con el orégano. Finalmente, rociamos con unas gotas de limón y servimos con un par de cuñas de limón para que cada uno se eche más. ¡Y a comer inmediatamente antes de que se enríe!

* Para aligerar aún más la receta, se puede hacer el queso a la plancha sin rebozar en absoluto, pero estaríamos hablando de otra receta y hoy os la presento así, que está muy buena ;)

¡Buen provecho!

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lunes, 21 de agosto de 2017

Patatas chafadas


Esta guarnición de patata es especial porque queda tierna por dentro y firme y crujiente por fuera; además es facilísima de hacer, ya verás.

Los sabores concretos dependen de lo que tengas por casa ese día, pero te cuento cómo las suelo hacer yo. Yo hice 12 patatitas del tamaño de una nuez para 2 personas (bueno, 2 de ellas eran del tamaño de una monedita).

  • Unas 5-6 patatas baby por persona 
  • Tomillo
  • Cebolla en polvo
  • Sal, en mi caso sal de pimentón dulce
  • Aceite de oliva (en mi caso, arbequina)
  • Otras opciones: Ajo en polvo, pimienta, romero...

La preparación:

1. Limpiamos muy bien las patatas para deshacernos de tierra y cualquier otra impureza. No las pelamos para conservar todas las vitaminas de la piel.


2. Después hervimos las patatas. En la olla rápida, tardarán 7 minutos; en la olla normal, unos 15-20 minutos. Tienen que quedar cocidas del todo por dentro. 

3. Aprovechamos para precalentar el horno a 230º mientras tanto.

4. Una vez hervidas, las colocamos sobre papel de horno en una bandeja de horno. Y lo siguiente es chafarlas; con el puño o, si queman, con ayuda de un tenedor o de un prensa-patatas. Lo importante es no romperlas demasiado; sólo las chafamos sin que se descompongan en trozos independientes; que sigan en una pieza.


5. A continuación condimentamos. No hace falta aceite, pero es un buen toque; así que empezamos con un chorrito sobre cada patata chafada. Después espolvoreamos el tomillo, la cebolla en polvo y la sal, en mi caso con sabor a pimentón dulce (sal y pimentón dulce tendrían el mismo efecto).


6. Les damos 20 minutos en el horno precalentado a 230º. Podemos darle un poquito más si las preferís más doradas y crujientes por fuera, pero con 20 minutos, sobra.


¡Buen provecho!

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